Porque vos lo callabas,
¡mi Margarita!,
yo que soy tan güenazo,
maté una flor.
Y mientras despacito
la deshojaba
‘mucho, poquito y nada’,
le preguntaba,
‘¿me ama mi amor?’.
Y aquella flor sangrante
me contestó:
‘Ella siempre suspira
pensando en vos’,
pero esta vez
¡mintió la flor!